1994 Food for the Moon. Intermedia Installation

ZEITGLEICH.

TRANSIT & ORF Kunstradio-Radiokunst
Curator: Heidi Grundmann.

Kunsthall Tirol.
Hall (Austria).

The noisiest, most tumbledown and narrow corner of the old salt factory at Hall housed this installation. The place was transformed, with sound and visual elements which accentuated this into a space for meditation, enlivened by six revolving emergency lights located beneath chairs –“units of interference”– which invited spectators to take a rest in them.

These erstwhile offices of the old salt factory composed of a small lateral room and another, L-shaped, which encircled it, are suspended in space. In these fragile quarters Everyman spoke to us of utopia between the short-wave sounds recorded on a tape playing in the small space. The visitor, obscenely, listened to and contemplated this accumulation of intimate remains, dominated by the vertical message of the television, set in opposition to Polaroid photographs, as snippets of a secret history.

A staircase led the way up. But a strange imagery of objects “made in China” blocked the way, while visitors were bombarded from above by government texts taken from the Charter of Security and Cooperation in Europe, of 1990, mingled with processed sounds made by cheap toys, emitted by a second tape.


El más ruidoso, destartalado y angosto rincón de la antigua fábrica de sal de Hall acogía esta instalación. El lugar se transformaba, con los elementos sonoros y visuales que lo acentuaban, en un espacio de meditación, alertado por la presencia de seis luces giratorias de emergencia situadas, debajo de sendas sillas Unidades de Interferencia que invitaban a los espectadores a descansar en ellas.

Esas viejas oficinas de la antigua fábrica de sal, constituidas por un pequeño cuarto lateral y otro, en forma de L, que rodeaba aquél, se hallaban colgadas en el vacío.

En la fragilidad de tales estancias, el hombre común nos hablaba de la utopía entre sonidos de onda corta, en la cinta que corría en el espacio pequeño. El visitante, obscenamente, escuchaba y contemplaba esa acumulación de restos íntimos, presididos por el mensaje vertical de la televisión, a la cual se oponían las instantáneas de una Polaroid, como retazos de una historia secreta.

Una escalera conducía hacia arriba. Pero una extraña imaginería de objetos made in China impedían el paso, mientras eran bombardeados desde lo alto por textos oficialistas procedentes de la Carta de Seguridad y Cooperación en Europa de 1990, mezclados con sonidos tratados de juguetes de todo a 100 que integraban la segunda de las cintas.